Manifiesto Poiosófico

Secretaría de Filosofía en Hidalgo

La flor de la experiencia como fundamento del pensamiento y aproximación estética

La filosofía, tal como se enseña y administra, ha sido reducida a un oficio académico, a un conjunto de técnicas, a un archivo de citas.

Pero pensar no es un trámite.

Pensar es un riesgo.

La poiosofía nace de esta ruptura:

de la certeza de que el filósofo no puede limitarse a la academia,

ni a la teoría,

ni a la comodidad del análisis sin cuerpo.

El poiósofo es quien piensa desde la vida:

quien piensa haciendo,

quien piensa exponiéndose,

quien piensa arriesgando su propia experiencia.

Toda experiencia humana —dolor, rabia, lucidez, ternura, denuncia, creación— es una flor que se abre.

Frágil, sí, pero también irreductible.

La flor de la experiencia es nuestra estética:

un modo de mirar el mundo desde la vulnerabilidad que revela,

desde la sensibilidad que incomoda,

desde la apertura que transforma.

No buscamos la belleza como adorno,

sino como acto de verdad.

La flor es la forma visible de lo que el pensamiento toca.

La poiosofía no es una teoría:

es una práctica integral que une:

  • análisis filosófico,
  • denuncia política,
  • creación artística,
  • intervención pública,
  • reflexión ética,
  • y construcción institucional.

El poiósofo no se esconde en la neutralidad,

no se refugia en la distancia,

no se disuelve en la ironía.

El poiósofo actúa,

nombra,

denuncia,

crea,

enseña,

se expone

y se transforma.

La Secretaría de Filosofía en Hidalgo no es un cargo,

ni una oficina,

ni una estructura burocrática.

Es una institución performativa:

un acto de soberanía simbólica,

un espacio donde la filosofía se vuelve:

  • herramienta de denuncia,
  • plataforma de creación,
  • laboratorio de pensamiento,
  • y territorio de resistencia.

La institución personal no pide permiso.

Se ejerce.

La poiosofía opera en tres planos simultáneos:

1. Lo local

La corrupción concreta, la violencia institucional, la injusticia cotidiana.

Aquí la filosofía se vuelve denuncia.

2. Lo global

La geopolítica, la soberanía de las naciones, la justicia hemisférica.

Aquí la filosofía se vuelve análisis.

3. Lo artístico (/profesional/performático/praxis)

La imagen, la poesía, la metáfora, la pieza artística;

la expresión del pensamiento junto a sus vehículos y espacios rituales, axiológico‑pragmáticos.

Aquí la filosofía se vuelve experiencia.

El poiósofo no elige entre estas capas:

las atraviesa todas.

Pensar no es suficiente.

Publicar no es suficiente.

Denunciar no es suficiente.

La poiosofía exige congruencia:

que la vida, la palabra y la acción formen un solo gesto.

La congruencia no es pureza moral:

es responsabilidad con la propia experiencia.

La poiosofía no es elitista.

No es un club de especialistas.

No es un templo cerrado.

Es una invitación a que cada persona sea más:

  • reflexiva,
  • consciente,
  • crítica,
  • sensible,
  • congruente.

La filosofía no pertenece a las universidades:

pertenece a la gente que piensa.

La poiosofía no produce textos aislados.

Produce ecosistemas.

Cada denuncia, cada ensayo, cada poema, cada pieza, cada gesto público

es parte de un sistema conceptual en expansión.

La obra del poiósofo es un organismo:

crece, se adapta, se transforma

y nunca se cierra.

En un mundo saturado de simulacros,

de discursos vacíos,

de instituciones capturadas,

de narrativas manipuladas,

la poiosofía es un acto de resistencia.

Resistir es pensar.

Resistir es crear.

Resistir es denunciar.

Resistir es vivir con la flor abierta.

La poiosofía no busca seguidores.

Busca interlocutores.

No busca autoridad.

Busca verdad.

No busca prestigio.

Busca coherencia.

No busca comodidad.

Busca experiencia.

El poiósofo no se define por lo que sabe,

sino por lo que hace con lo que sabe,

y por la forma en que convierte su vida

en una flor que piensa.

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