«autor—itas»



Yo todavía me acuerdo
de pocos años antes
—parecen milenïos—
do parecía que en SEPH

habían —y ora ya no hay—
de esas autoridades
que inspiraban —de menos,
aunque manchado en miedo—

alguna endeble clase
de magro —gris— respeto
dijeras saludable

[(No sé si es que así era;
¿me afectó el «switch» de edades?)]

Ya no hay más que amiguismo
—tan alegre y cordial—
tan podrido y rastrero
que en sus abrazos cago

lo que a mi arma de fuego

nomás indigestaría
de estar pensando en esos
remedos de puñales
—atuendo de payasos—

que en política están
para estar asoleados
—no poco, sino mucho—
y así, re bien quemados

y si como docentes
ya eran sobras del caldo
ahora, de incompetentes
—mira si de ahí los bajo— 

no parece que nadie
se estuviera cuidando
de hacer bien su trabajo
—¿Y para qué los quieren?—

Ahorra parafernalias
con que YA NO DETIENES
ESA FIEL VOCACIÓN
—¡INCORRUPTIBLE!— […tu…] perro,

que en todo su derecho
puede bien defender
alguien que se dedique
—alma, rostro, kokoro—

al emergente oficio
—emprendedor, naciente—
en el que —— hay valores
y códigos morales

—como que tú no tienes—

DE verdadero y puro
—¡de pureza! ¡pendejes!— 
auténtico y audaz:
—tu mejor— DELINCUENTE

jcm

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