DESEO / FALTA DE DESEO ● ilusión/desilusión ● ¿Cómo gestionar? 9 pasos.
*** Método JCM ***
«Sin ilusiones, y sin desilusionarse.» Antonio Gramsci
1. Liberar el deseo al máximo.
2. Ser uno mismo con la idealización.
3. Ser consciente y no intentar ni inhibir ni prolongar el deseo o ilusión.
4. Existen «medios», metas, objetivos, misiones, etc. Cada cosa es diferente.
5. Deseo y/o ilusión NUNCA son «fines».
6. Por lo tanto, como motivadores o medios, y más allá de ello, uno debe saber cuál es la misión personal, por un lado; y, por otro, si se coincide o no, y hasta qué punto, con otras personas.
7. Ser uno con la falta de deseo o «desilusión» INEVITABLES.
8. Si actuamos bien, honestamente, con nosotr@s mism@s y hacia los demás, sabiéndonos cómplices —facilitadores— de nuestros procesos de aprendizaje, jamás será necesario arrepentirnos de nada ni de nadie. TODO se manifiesta en su verdadero propósito. Deviene CONOCIMIENTO útil, ultra vigente, y arje-preciso.
9. Entender eso es NUNCA tener miedo, ni estar falt@ de nada, ni absort@s, ni dependientes, ni confundid@s.
And if I ever lose my legs, I won´t walk. But I won’t beg…
Ítaca es el destino arquetípico para la idea rectora de cualquier viaje. Implica la idea de vuelta al origen como apropiación de sí mism@. Ítaca es, por la gracia de diversas acrobacias entre ideas, la conquista de la libertad.
El poeta ciego ―en su contemplación de la partida de Ulises― despliega el horizonte en el que su héroe cumple con el llamado al que lo obligan sus alianzas. El ser humano es, en el personaje de Ulises, un espacio entre el lugar donde lo ubican sus azares y el lugar imposible donde su conciencia se encuentra consigo misma. Como Tiresias, la ceguera física se transmuta en visión interior, en conocimiento profundo de las verdades esenciales.
Imagino al rapsoda ciego, para quien sus oyentes eran ficciones casi tanto como los relatos que reproducía y recreaba, pues de su auditorio sólo podía deducir la existencia por las aclamaciones y voces expresando el deseo de alimentarse con más relatos. Se sabe, o se dice, que Homero no fue el autor de la Odisea en el sentido contemporáneo del término ―como productor de realidades alternas ex nihilo o como creador de esencias nuevas a partir del artificio, desde la nada― sino que recopila y organiza un conjunto de relatos compartidos y alterados por generaciones de rapsodas previos. Homero vendría a ser entonces una especie de autor colectivo quien compilaba en su memoria un cadáver exquisito acerca de sucesos más o menos fantásticos en los que sin embargo se reflejaba una comunidad que hoy llamaríamos en conjunto y con su debida nostalgia «los antiguos griegos», un pueblo concreto que existió en la Historia, según testimonios confiables… igual que las voces, las vibraciones, el choque de cuerpos y energías invisibles (en su calidad de signos), eran certificaciones para Homero de la presencia de sus oyentes.
La transmisión de cantos entre rapsodas tendría que ser, asimismo, testimonio de un guiño de veracidad en los relatos contados, que no pudieron venir sino de alguien que estuvo presente en ellos; o los oyó como Homero, que no podía ver. En este orden de ideas es entendible que en la brevedad de nuestra vida no lleguemos a estar en la presencia de un dios, pero quizá sea posible palpar los restos de sus signos en el aire, creyendo ciegamente que tales signos podrán llevarnos a la referencia insondable.
Un día nacemos destinados al trono por la referencia de ancestros valientes que lucharon por su vida propia y de los suyos por venir, saltando de la sobrevivencia al sueño civilizatorio, librando incontables batallas para poder decir «esto soy yo y los que me aman; aniquilando lo otro amenazante, para asimilar lo aniquilado en la experiencia de comunión», al tiempo de reconocer las referencias entre una vida y otra de tal forma que la vida preserve a la vida, para estar presentes en el lapso donde se consuma nuestra carne, y nuestro cadáver palpe y escuche el murmullo de lo inmortal.
De esta manera, pienso que mientras pueda ordenar las emociones, las ciegas percepciones de los signos, pensamientos y esperanzas en un discurso continuo e incesante, el sujeto nominal de mis reflexiones gramaticales tendrá, por mi enunciación, un referente seguro. Llego a creer que mientras sueñen mis vocablos, ningún daño podrá alcanzarme. Sin embargo, la verdad es que mis luchas me han quitado todo: el tiempo, la vitalidad, el valor para soñar, las ganas de hacer cosas.
Pienso en Ulises, que nació en un halo de privilegio, de responsabilidades, su obligación de aprender a poseer, administrar sus bienes, pedir y ofrecer a dioses y hombres el derecho y el favor de preservarse; sabiendo que aún con todo eso, nada era seguro, pero al mismo tiempo, no podía rendirse, pues de existir algún bien, alguna recompensa, sólo sería lograda con esfuerzo. Y lo comprobó en su deber de ir a Troya, poniendo a prueba su coraje, claridad y paciencia, por lo que era llamado entre los suyos «prudente como Zeus». A él acudían los argivos en busca de consejo. Él era quien los exhortaba a resistir, a reunir las fuerzas necesarias para no abandonar la empresa, cuando se daba cuenta que todos sus compañeros estaban pensando en abandonar Troya después de nueve años de lucha sin conseguir su objetivo. Sólo Ulises les recordó que la misma razón por que querían rendirse, era la razón por la que debían quedarse, y preferir la muerte antes que la flaqueza.
Ulises logró lo que deseaba. Abandonó Troya con alguna compañía, pero los dioses quisieron que sus naves sucumbieran ante el mar y que, al parecer, todos murieran excepto él, naufragando así por azar hasta la isla de la ninfa Calipso, que lo acogió, agasajó hasta hacerle ver su deseo de retenerlo como amante, y Odiseo, al darse cuenta de que, frente a la voluntad de una diosa, la suya estaba cautiva. De todos sus esfuerzos, donde había logrado hacer brillar su personalidad y su valía; finalmente todo eso no lo había hecho dueño de sí mismo, como era su objetivo, sino botín para la voluntad de una diosa.
Debió al principio sentirse halagado y recompensado por conservar su vida. Como era piadoso, seguramente tampoco pudo dejar de sentir la pena de todos sus compañeros perdidos o caídos. Pero su valía, sus virtudes, su suerte, lo habían llevado bajo la protección de una deidad que lo trataba distinguidamente, con comodidades y placeres. Como si ya hubiese muerto igual que todos sus compañeros, y todo lo que le venía era recompensa. En su tierra estaría viviendo cómodamente, sin nada que le fuera necesario para disfrutar sus años de madurez; alimento, placeres, vino. Pero aun lidiando con disputas, decisiones, resolviendo querellas y asuntos tediosos de un gobernante, su reino era su reino, aquello en lo que había puesto sus fuerzas toda su vida, como si de algo divino se tratase.
Al cabo de un tiempo, Ulises debió sentir en su corazón y atravesado como un rayo en su razonamiento, que la voluntad de permanecer en la isla no era voluntad suya, sino de la diosa. Si en algo se caracterizan los dioses y se diferencian de los hombres, además de la inmortalidad, es que el imperio de la voluntad de una deidad, supera con creces la del hombre. Antes de ser acogido por Calipso, las perspectivas de Ulises habrían sido morir en la guerra con los debidos honores, o volver a su patria con sus amados Telémaco y Penélope, a seguir gobernando sus tierras. Ahora se deleitaba con promesas inaccesibles para otros hombres, debía su vida y su voluntad a la ninfa Calipso, divinidad de lo oculto, quien oculto lo tenía, casi sin ninguna referencia para quien intentara buscarlo.
Sólo sentía que, si algo había suyo de verdad, eso se desmoronaba. La visión de sí mismo como un rey y un héroe, tan osado como prudente y dueño de todas sus obras, de pronto estaba siendo socavada por la venenosa sensación de comodidad estéril. A lo lejos, el neblinoso mar se confundía con el turbio horizonte de llanos brotes dorados, la isla, con leves pinceladas de verde como si fueran hojas de laurel, coronaban el lecho de la diosa y su fornitura frugal. En unas piedras lisas junto al lecho alfombrado de hierba suave, descansaba Ulises, sentado, sorbiendo el mar desde adentro, viendo cómo desde dentro suyo se proyectaba, alrededor de la isla, un mar sin camino y sin confín.
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Referencias:
Campbell, J. (2020). El héroe de las mil caras: Psicoanálisis del mito (L. J. Hernández, Trad.). Fondo de Cultura Económica. (Obra original publicada en 1949)
Camus, A. (2018). El mito de Sísifo (E. Benítez, Trad.). Alianza Editorial. (Obra original publicada en 1942)
Homero. (2017). Odisea (C. García Gual, Trad.). Alianza Editorial.
Kavafis, K. (2015). Ítaca y otros poemas (R. Irigoyen, Trad.). Penguin Clásicos.
A continuación, te presento un resumen del libro Creer, saber, conocerdeLuis Villoro (1994):
En general, es necesario partir de la calidad de nuestra creencia para poder avanzar hacia alguno de los grados epistémicos de conciencia.
jcm
Villoro, L. (1994). Creer, saber, conocer (8ª ed.). Siglo XXI.
Creer, Saber, Conocer: La Epistemología de Luis Villoro (Era Digital)
Introducción
En su obra fundamental Creer, saber, conocer (1994), Luis Villoro desarrolla una de las contribuciones más significativas a la epistemología contemporánea, especialmente desde el pensamiento latinoamericano. A través de un análisis riguroso, el filósofo mexicano explora las diferentes maneras en que el ser humano se relaciona con la verdad y el conocimiento, estableciendo distinciones cruciales que hoy, en la era de la información, cobran especial relevancia.
El autor parte de la idea de que no existe una única forma de entender la realidad, sino tres modos fundamentales que, aunque interrelacionados, tienen características y funciones propias:
Los Tres Pilares del Conocimiento
1. Creer: El Fundamento de Nuestra Comprensión
Villoro describe el acto de creer como una disposición adquirida que determina nuestras acciones y pensamientos. La creencia representa el estrato más básico de nuestra relación con la realidad, caracterizándose por:
Una aceptación íntima y subjetiva
Raíces en la tradición y la cultura
Fundamentos emocionales y vivenciales
Conformación de la identidad personal y colectiva
Villoro describe el acto de creer como una aceptación íntima y subjetiva. Creer no requiere de pruebas empíricas rigurosas, pues se apoya en la fe, la tradición y en aspectos culturales y emocionales que configuran la identidad personal y colectiva. Este modo de comprender el mundo está íntimamente ligado a la confianza en valores heredados y en experiencias vividas, sin necesariamente someter estas creencias a un escrutinio lógico o crítico.
2. Saber: El Camino de la Razón
El saber constituye un nivel más elaborado de comprensión que se distingue por:
Fundamentación en el análisis racional
Verificación empírica y metodológica
Procesos de validación intersubjetiva
Construcción de argumentos lógicamente estructurados
Como señala Villoro (1994, p. 126): «El saber no se contenta con la seguridad subjetiva, requiere razones objetivamente suficientes».
A diferencia del creer, el saber se asienta en el fundamento del análisis racional y la verificación. Aquí, las ideas y proposiciones son contrastadas contra la realidad y se someten a procesos de interpretación crítica que permiten validar o refutar las afirmaciones. El saber implica un esfuerzo consciente por transformar las creencias en conocimientos fundamentados a través de la reflexión, el diálogo y la objetividad.
3. Conocer: La Experiencia Integrada
El conocer representa la síntesis más completa de nuestra relación con la realidad, caracterizándose por:
Experiencia directa con el objeto de estudio
Integración de aspectos objetivos y subjetivos
Comprensión teórica y práctica
Transformación personal a través del encuentro con lo conocido
En el contexto propuesto por Villoro, el término conocer va más allá de la simple acumulación de información. Conocer representa la experiencia directa y el contacto íntimo con aquello que se estudia o se vive. Es un acercamiento que integra tanto la dimensión subjetiva como la objetiva, logrando que el individuo no solo entienda teóricamente una realidad, sino que también la interiorice y la haga parte de su experiencia personal.
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Relevancia Contemporánea
A lo largo de la obra, Villoro examina cómo estos tres modos se interrelacionan y se complementan en la construcción del pensamiento humano. El autor subraya la importancia de evolucionar del mero acto de creer a un conocimiento auténtico, fundamentado en la crítica y la experiencia directa, para fomentar una sociedad más consciente y ética. Según Villoro, este proceso de transformación es esencial para contrarrestar las tendencias dogmáticas y para promover el desarrollo de un pensamiento autónomo y reflexivo que permita abordar los desafíos culturales y sociales contemporáneos.
La obra invita a reconsiderar la manera en que se establecen las verdades en la sociedad y enfatiza la necesidad de cultivar una actitud crítica que trascienda la aceptación automática de lo heredado culturalmente. En este sentido, Villoro propone una visión epistemológica en la que la transición de creer a saber y conocer es fundamental para la libertad y el desarrollo integral del individuo.
Para aquellos interesados en profundizar más en el tema, podríamos analizar cómo estos conceptos han influido en la filosofía contemporánea o discutir ejemplos actuales donde la transformación de creencias en conocimientos sólidos resulta esencial para la toma de decisiones éticas y políticas.
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La distinción propuesta por Villoro adquiere especial importancia en nuestro contexto actual, donde:
Era de la Desinformación
La proliferación de «fake news»
La sobrecarga informativa
La necesidad de criterios de validación
2. Desafíos Epistemológicos
La fragmentación del conocimiento
La crisis de las instituciones tradicionales
La democratización del acceso a la información
3. Implicaciones Prácticas
Toma de decisiones informada
Construcción de ciudadanía crítica
Desarrollo de pensamiento autónomo
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Conexiones Filosóficas
La propuesta de Villoro se enriquece con su diálogo con:
La fenomenología husserliana
La epistemología social contemporánea
La tradición del pensamiento crítico latinoamericano
Como señala León Olivé (2018): «La epistemología de Villoro representa un puente crucial entre la tradición filosófica occidental y el pensamiento latinoamericano».
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Aplicaciones Prácticas
En el contexto actual, podemos aplicar estas distinciones para:
Evaluar fuentes de información
Desarrollar pensamiento crítico
Construir conocimiento colectivo
Tomar decisiones éticas y políticas fundamentadas
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Palabras Finales
El tránsito que Villoro propone desde la creencia hacia el conocimiento auténtico resulta fundamental para desarrollar una sociedad más crítica y consciente. Como él mismo sugiere, este proceso no implica descartar las creencias, sino someterlas a un análisis riguroso que permita transformarlas en conocimiento fundamentado.
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Referencias Bibliográficas
Villoro, L. (1994). Creer, saber, conocer (8ª ed.). Siglo XXI. pp. 15-308.
Hurtado, G. (2015). «El pensamiento filosófico de Luis Villoro». Revista de Filosofía, 47(2), 77-98.
Olivé, L. (2018). «La epistemología social de Luis Villoro». Diánoia, 63(81), 171-188.
Pereda, C. (2013). «La filosofía en México en el siglo XX: Un recuento». UNAM.
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Mi amistad con árboles y nubes, el efecto consanguíneo con ángeles y granadas, la intimidad con lo oscuro y mi abrazo con la tierra. Mi pacto con la madre y el espíritu, de crearlos y de hacerlos nuestros hijos, lo más viejos, los más sabios.
Los hombres, las mujeres, los parajes, que marcaron nuestros ojos con aguja y lentejuela, laberintos de estrellas que desgarran con sus luces.
El amor que, finalmente, no lastima: te lava con la noche, te sucede, te guarda los secretos que gritaste pero nadie comprendió.
Lo que no tiene cuerpo. Lo que vive sin su cuerpo. Las canciones más allá del cuerpo, tu cuerpo, después de la noche, recién llegado, tus besos bienvenidos, que así hablan, con las flores de un enigma, tus manos que me dicen “deja aquí tu amor”
conjuro cósmico, templo de aire de incienso y campanarios de respuestas
escucho tu voz en los linderos del fuego, en libertad me entrego a los furores de mi alma, con esperanza escucho las promesas de la lluvia, con gratitud te entrego lo que sólo es para ti.
The kin effect about me among angels and pomegranates
My intimacy with darkerness and my embrace with The Earth As for to create them and for to make our children out of them Seeking for them to be the oldest and the wisest
My pact with motherhood and the Seminal Spirit
All men and women… Those country roads who marked us with needle and sequins
Labyrinths of stars
Tearing us apart because of their lights
You know, in the end, love does not hurt
it rather watshes you
it happens to you
it keeps the secrets that you screamed ount but no one understood
Beings having nobody That which lives without an actual body The songs beyond body
Your body just coming after night
Welcome are your kisses and so be their speech with the flowers of enigma
your hands telling me leave your love in here
Cosmic spell —Air Temple
Instance and Bell Towers tolling answers
I listen to your voice in the borders of fire
Out of freedom I surrender to the flares of my soul
Bien sûr que vous avez le droit de ne se battre pour rien. Le droit d’être heureux, de se détendre, de penser que vous êtes cette personne si formidable qui ne doit rien à personne et qui travaille, qui paie ses impôts et qui vote quand il le faut.
Bien sûr que vous avez le droit de vous soucier de vos affaires. D’écouter les nouvelles comme un bruit ennuyeux. De ne pas s’attirer des ennuis qui ne vous touchent pas du tout.
Comme si ce n’était pas d’abord difficile n’importe quelle vie.
Bien sûr que vous avez le droit de vous envelopper dans les vôtres. Aujourd’hui, c’est une bénédiction d’avoir quelqu’un. Et pour demain, tout est si chancelant…
Bien sûr que vous avez le droit de vous en réfugier. Je souhaite également, comme vous, ce pouvoir immense de ne penser à rien.
C’est la vérité, que je vous envie, parce que je n’ai personne.
Bien sûr que vous avez le droit d’être rempli de fierté. Quoi qu’il arrive, vous êtes debout. Les gens qui vous connaissent ils savent tout ce que vous avez enduré. Combien de souffrance, d’efforts, tous vos sacrifices et votre constance fidèle. Le respect que vous avez toujours manifesté pour vos patrons et vos amis. Comment vous vous acclimatez et vous adaptez, et comment vous souriez d‘habitude et que vous dites toujours vos « bonjour » en retour.
Bien sûr que vous avez le droit d’avoir l’esprit tranquille. Vous effectuez votre travail, vous obéissez, vous êtes ponctuel et vous vous acquittez de toutes vos tâches. Vous êtes loyal, reconnaissant. Et tout votre groupe social sait qu’il compte sur vous. Ensemble, vous avez protégé tous leurs intérêts. Vous n’avez permis à personne de les humilier, de les insulter ou de les voler.
Et moi, pauvre inutile, hypocrite, lépreux répugnant, qui défend n’importe quelle cause sans autre raison que de crier scandaleusement, réclamant, comme une aumône, toutes les marques d’attention que l’on peut m’accorder.
Bien sûr que vous avez le droit de m’ignorer. À cause de gens comme moi, ce pays n’avance pas dans aucune direction. J’ai des ressentiments, des traumatismes, des vices, et des folies. Je suis cette personne en colère, instable et maldisant qui ne parvient pas à se tolérer soi-même.
Il n’y a qu’une seule chose que je vous en prie. Et c’est que… depuis que je suis né, je ressens un profond dégoût. Je n’ai jamais compris qu’est-ce que tout cela signifiait. Je n’aime pas ça. Chaque petit détail, les organisations, les protocoles, les hiérarchies, chaque règlement écrit et chaque règle d’étiquette, chaque célébration, rassemblement, réunion, parti ou assemblée, chaque faction, syndicat et groupe de guérilla, il n’y a vraiment rien qui ne me répugne pas au plus haut point.
Vous ne pouvez pas imaginer combien de fois j’ai souhaité mettre, enfin, un terme à cette misère. Il n’y a rien d’autre que je puisse espérer que d’en finir une bonne fois pour toutes.
Pourquoi ne pas, s’il vous plaît, venir m’aider pour approcher le terme de cette souffrance?
Au fond de moi, je le sais, je suis un lâche: à l’infini. Un lâche décevant, tout comme vous.